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“Usar Nasobuco” “vs” “Cuidar la boca de palabras hirientes”

“Usar Nasobuco” “vs” “Cuidar la boca de palabras hirientes”

Por el Pr. Vismar Ramírez Oliveros.
Master en Cuidado Pastoral de la familia. Director del Centro de Apoyo a la Familia del ministerio Apoyo Cuba

 

“No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas” (Nehemías 4:14b)

Nos acercamos a usted, confiando en que su respuesta al llamado de pelear por la familia es positiva y esté dispuesto a aplicar las medidas necesarias para afrontar efectivamente la “pandemia” del “Descuido familiar”

En la ocasión anterior analizamos la primera medida. “Aislamiento social”. “vs” “Acercamiento familiar”.

Hoy le proponemos reflexionar en la segunda. “Usar Nasobuco. “vs” “Cuidar la boca de palabras hirientes”

Las autoridades sanitarias han insistido en el uso del nasobuco. Es una medida con el propósito de evitar contagiar o ser contagiado con la Cobid-19. Quien no lo use en los lugares requeridos puede ser sancionado. Pensando en la otra “pandemia”, la del “Descuido familiar” creemos que la aplicación de esta medida puede ser efectiva. Es importante poner nasobuco en nuestra boca para evitar que salga contenido dañino, nos referimos específicamente a “Cuidar la boca de palabras hirientes” La Biblia dice:

¿Quién es el hombre que desea vida, Que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, Y tus labios de hablar engaño. (Salmos 34: 12-13)

Pudiéramos parafrasear. ¿Quién es la persona que desea una familia duradera, Que desea una familia saludable? Guarda tu lengua del mal. Las palabras surten gran efecto, sobretodo, cuando proceden de personas amadas. Proverbios 12:18 lo expresa con meridiana claridad: “Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua del sabio es medicina” ¿A qué se asemeja más su boca, a una espada, o a medicina? Las enfermedades no se enfrentan con armas. Las palabras hirientes no mejorarán el comportamiento de sus familiares, no restaurarán relaciones dañadas, ni consolarán corazones abatidos. Todo lo contrario, alejan, desaniman, descalifican, provocan ira, resentimientos y reacciones ofensivas.

Aproveche la presencia en casa, para elogiar, animar, afirmar, estimular y agradecer. Concéntrese en las acciones positivas de sus familiares y no vacile en reconocerla y expresar su valoración. Cuando fuere necesario discrepar o confrontar, hágalo manteniendo el sano equilibrio entre la verdad y el amor, atacando la acción, no a la persona, usando un tono agradable y los gestos apropiados. Que el corazón de los suyos no sangre por sus palabras. Sino, que encuentren consuelo y la inspiración necesaria para enfrentar toda amenaza al bienestar familiar. “Sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse” (Santiago 1:19) “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. (Santiago 3:2)

Gracias por acompañarnos en esta reflexión. Pronto estaremos considerando la tercera medida.
Hasta entonces.

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