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PARA NO ERRAR COMO IGLESIA

Para no errar como Iglesia

Pastor Dioelis Rodríguez del Río

Dir. Enseña con VIDA Ministerio ApoyoCuba

En uno de los encuentros de Jesús con el grupo de los saduceos, en la ocasión en que le plantean un problema acerca de la resurrección de los muertos, en un intento de afirmar sus creencias; es conocida la pregunta que le hicieron al Maestro; al estilo de un “acertijo” o “agilidad mental”, que al parecer, era su mejor argumento para legitimar su postura de que la resurrección no existe (Mateo 22:28). La manera en que el Señor comienza su respuesta es interesante y aleccionadora, a la vez que nos alerta y orienta respecto a nuestro enfoque en el desempeño de ser una Iglesia de posturas correctas.

Cristo les dice: “Erráis, ignorando las Escrituras y el Poder de Dios” (Mateo 22:29). Aquí sobresalen dos pares de palabras. Las dos primeras, ERRAR e IGNORAR, relacionadas en una cadena de causa y efecto, casi sugiriendo un círculo vicioso en donde la ignorancia lleva al error, y al sistematizar y dogmatizar el error, este construye un falso conocimiento que hace que la ignorancia sea vista como la verdadera sabiduría, cosa esta que prepara el ambiente para que fructifique otro error más elaborado. ¿Te parece familiar?

El verbo griego πλανάω (planáo), significa errar, engañar, llevar por mal camino; y su origen es el “estar sin rumbo”.

Ignorar es la negación de οΐδα (oída), que expresa “el estar consciente de algo, estar seguro, entender, comprender”; de ahí que ignorar es no conocer. Muy ligado a otro verbo, οπτάνομαι (optánomai), que tiene el uso de “abrir los ojos de par en par”.

La otra pareja de palabras es el terreno a trabajar, las áreas de enfoque, los tópicos a comprender. Lo que hay que conocer. Las ESCRITURAS y el PODER DE DIOS. Son áreas de aprendizaje y de experimentación de lo sobrenatural. Es lo que nos permite crecer en el conocimiento del Hijo de Dios. Y no debemos descuidar ninguna de las dos. Es que no se puede ser efectivo en una sin la otra. Pretender buscar a Dios y decir que lo conocemos sin mirar atentamente su Palabra es irrespetarlo gravemente. Así mismo, presumir de tener conocimiento de la Biblia sin intimar con Dios, sin adentrarnos en el secreto de su habitación, es apariencia hueca. Y en ambos casos se vive un cristianismo a medias, o peor aún, en el peligro de vivir un pseudo-evangelio. Ignorarlas es ser presa fácil de errores de doctrinas y de prácticas. Juntas proporcionan el equilibrio necesario.

Debemos como sobreveedores de la grey del Señor; velar para que como Iglesia tengamos diseñado un proceso de efectivo aprendizaje de la Palabra del Señor, de tal manera que los cristianos en nuestras congregaciones puedan experimentar la presencia de Dios. Para comprender las Escrituras hay que estudiarlas, escudriñarlas sabiamente. Necesitamos proveer a cada una de las personas en las Iglesias, del mecanismo de enseñanza donde sean educados cristianamente.

La respuesta de Jesús hizo callar a los saduceos y que la gente se admirara de su doctrina.

¿Cómo funciona tu Iglesia? ¿Tienes el cuidado de estructurar intencionalmente el funcionamiento de la misma, para garantizar el correcto desarrollo de estas dos directrices? ¿Tu gente aprende siguiendo un plan? ¿Oras fervientemente para que el Señor te dé un énfasis educativo?

Todas estas son preguntas para reflexionar y para reaccionar. Dios es Dios de orden, y en aspectos tan neurálgicos como estos, quiere que no seamos ignorantes, y que conscientemente estructuremos el aprendizaje.

Tenemos la sagrada responsabilidad de “abrir los ojos de par en par” a los creyentes, de llevarlos por buen camino. De ser guías y maestros sabios.

“Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza. Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A Él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.” (2 Pedro 3: 17-18)

Pastor Dioelis Rodríguez del Río.

Director del Área de “Enseña con VIDA” Ministerio Apoyo-Cuba.

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