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Obedecer a Dios y vivir confiado en Él.

Obedecer a Dios y vivir confiado en Él.

Por Pastor Ezequiel Blanco Hechavarría. Master en Cuidado Pastoral de la Familia Coordinador de la Escuela para Padres del ministerio de familia de Apoyo-Cuba

¿Por qué obedecer a Dios?,
es una de las interrogantes que presentan al lector David y Denisse Glenn, en sus libros “Sabiduría para Padres y Madres”.
De la respuesta a esta pregunta dependerá, en gran manera, la forma en que el hombre se acerque al Señor.
Comprender que, experimentar la ternura infinita que el Creador muestra por sus hijos, provoca amarle por sobre todas las cosas y que, como resultado de ese amor, nace el impulso a la obediencia
(1 Juan 4:10,19; Juan 3:16; 14:21-23), es revelador y muy reconfortante.
Ahora, ¿Qué se debe hacer y qué no?, buena pregunta.
Todo cristiano conoce que matar y adulterar es pecado, y cabe preguntar, ¿por qué lo saben?,
la cotidianidad de esta idea podría hacer parecer trivial o sin sentido esta interrogante, pero la realidad es que, el practicante de la fe cristiana lo sabe porque el Señor mismo plasmó en las Escrituras sus mandamientos, los cuales no son un antojo sino que son consistentes con la naturaleza misma del Creador y una muestra de su cuidado, por ello, cuando el hombre le obedece, todo lo que es y hace prospera (Salmos 1:1-3; Job 1:10). ¿No es maravilloso que el Todopoderoso, Soberano y Creador de todo cuanto existe, estimule al ser humano a tener con Él una relación de amor?, cuanta paz y descanso debe experimentar el hombre solo al escuchar esto; es una invitación irresistible a poner confiadamente todo en las manos de ese Dios cercano.
Esta es la esperanza y seguridad del que ha puesto su vida en el Señor, saber que habita, juntamente con Cristo, en el padre y que a su vez Dios mismo mora en Espíritu dentro del él (Juan 14:20; Colosenses 3:1-4).
Pero para disfrutar plenamente de esta intimidad, al igual que una persona se cubre totalmente bajo un paraguas cuando llueve, así el hombre debe proponer en su corazón obedecer totalmente al Señor (1 Samuel 15).
Muchas son las aflicciones y peligros, pero de todas librará Dios a sus hijos (Salmos 34:19). Así como Josafat sintió miedo en una época peligrosísima (2 Crónicas 20), también es normal que por momentos el hombre sienta temor, mas este sentimiento no debe paralizale, sino que conviene examinar los errores y como hizo este rey, reconocer delante de Dios que es débil. Ciertamente los tiempos son difíciles, pero si los escogidos del Señor, guiados por el Espíritu Santo, se vuelven a las sendas antiguas (Jeremías 6:16) y en el nombre de Jesús claman al Padre en ayuno, súplica, entones el temor desaparece (1 Juan 4:18) y mientras suben, como olor grato, las alabanzas al Trono de Gracia, el Señor va sanando la tierra (2 Crónicas 7:14). Así como Josafat miró desde lejos la salvación de Jehová; confiados sobre sus rodillas, los que esperan obedientes en Cristo, verán como Dios libra cada batalla, para luego no olvidar de quién es la honra y la gloria y decir ¡Gracias Señor!

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