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MANEJO ESPIRITUAL DE LA CRISIS

MANEJO ESPIRITUAL DE LA CRISIS

MSc. Maireyes Batlle Quintosa.
Psicóloga y Consejera Cristiana del Centro de Apoyo a la Familia. Ministerio Apoyo Cuba

Nuestras creencias religiosas frecuentemente son cuestionadas y retadas durante y después de una crisis: algunas personas piensan que si ellos viven una vida espiritual verdadera, la bondad y la protección van a seguirles por el resto de sus vidas. Para personas no creyentes es la idea de que Dios no permite calamidades y tragedias; esta clase de presunciones son falsas. 

El creer en Dios no es una póliza de seguro que nos ofrece protección frente a una situación de crisis o traumática; el mismo Señor Jesús anticipó que en el mundo tendríamos aflicción. (Juan 16:33) 

La persona puede preguntarse “¿por qué yo o por qué nosotros?”, es natural que las personas quieran tener respuestas y explicaciones a cada pregunta. La persona en su enojo puede atacar a Dios por la angustia paralizante creada por una crisis. La persona puede estar pensando que Dios le está castigando o se pregunta, ¿qué he hecho para merecer esto? 

En medio de la crisis la persona empieza a escudriñar dentro de sí misma para justificar el dolor causado por la misma. Para los creyentes existen ideas tales como «Dios me está castigando porque ya no estoy asistiendo a la iglesia» o «he cometido un pecado muy grave.» Para los no creyentes ideas tales como «yo debí acercarme más a Dios, estoy siendo castigado por mi orgullo, estoy viviendo de una forma desordenada que no agrada a Dios y Él me está confirmando esto.» 

Tragedias y muertes inesperadas suceden y estas no están relacionadas con castigo o recompensa divina. Dios no discrimina con respecto a quién en su creación merece el dolor causado por la crisis o quién puede soportarlo de una manera adecuada. (Deuteronomio 8.2)

Una persona puede sentir enojo al saber que su vida no va a ser la misma otra vez. Con este sentimiento de impotencia se puede preguntar a sí mismo ¿Por qué Dios no pudo prevenir este evento traumático? Culpar a Dios es apenas natural y una respuesta normal que ayuda a la persona a ventilar emociones encontradas, el salmista David lo expresó de esta manera: “Padre, ¿por qué me has desamparado?” (Salmo 22:1-31) 

En la Biblia tres de los Salmos empiezan con la pregunta “¿por qué?”:Salmo 10: “¿Por qué estás tan alejado?” Salmo 22: “¿Por qué me has abandonado?” Salmo 74: “¿Por qué nos has rechazado para siempre?” Cada uno de estos Salmos concluyó con una nota de confianza en Dios. Los “por qué” fueron simplemente gritos de angustia, los cuales son respuestas naturales al dolor. 

Notable es que Dios mismo escuchó ese “por qué” en el clamor angustioso de su propio hijo unigénito cuando en la cruz del calvario exclamaba a su Padre: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Tan solo el silencio verbal se hizo escuchar mientras que la naturaleza misma expresó su eco de dolor y consumación con su sombra, temblor y el testimonio de los incrédulos que reconocían la majestad del Creador aun en medio del dolor. 

En el libro de Job se menciona la pregunta “¿por qué?” en 16 ocasiones, lo interesante es que Dios nunca respondió a esos “Por qué”, más bien él respondió con el “Quién”.

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