“¡ESTRÉS! SE QUEMA EL LÍDER Y SU FAMILIA”

Lado a lado con la iglesia local en la formación de líderes en Familia, Consejería, Enseñanza y Liderazgo

“¡ESTRÉS! SE QUEMA EL LÍDER Y SU FAMILIA”

Autor: Ezequiel Blanco Hechavarría

El estrés se ha convertido en uno de los asuntos más comunes de los nuevos tiempos, donde parece que las veinticuatro horas del día son insuficientes para seguir montado en el “tren de la vida”. Así que algunos sienten el deseo de bajarse en la primera estación, otros quieren correr desenfrenadamente al lado del “tren”, pensando que pueden ir más rápido, hay quienes eligen ver todo lo que hay en cada estación, mientras que otros optan por escoger las paradas donde “echarán un vistazo”.

Hace unos cuantos años, un hombre estaba apacentando las ovejas de su suegro cuando de repente percibió, a lo lejos, una zarza que ardía, pero no se consumía. Su curiosidad le llevó a investigar lo que pasaba. Él quería saber por qué causa la zarza no se quemaba, este hombre era Moisés (Éxodo 3). Al acercarse, descubrió que la causa de tal visón era la presencia de Dios en medio de aquel arbusto. Refiere la Biblia que aquel varón sintió miedo de mirar al Señor, mas este temor se reforzó luego que Dios le diera la noticia de que él iba a ser el encargado de sacar al pueblo de Israel de su cautiverio en Egipto. Moisés expuso argumento tras argumento ante Jehová para tratar de eludir la tarea, pues no se sentía capaz de realizarla; estaba viviendo una situación muy estresante para él. Sí, aquel varón de Dios… ¡estaba estresado!

No hay dudas de que el hecho narrado, en cuanto a lo que experimentó Moisés, no es ajeno para muchos. Tal vez no en las mismas circunstancias, pero cuántas situaciones estresantes pueden darse en la vida de una persona y su familia: los afanes de la vida, la celebración de un cumpleaños, el día de la boda, la llegada de los hijos, las enfermedades, una mudanza, las presiones laborales, la jubilación, el desempleo, el surgimiento de un conflicto con otra persona o varias, etc. Muchas son las razones por la que alguien puede sentir y expresar que está estresado, pero, ¿qué es el estrés y por qué causa ocurre? ¿Será siempre algo malo? ¿Cómo poder prevenirlo o manejarlo para mitigar sus efectos? De seguro estas interrogantes despiertan la curiosidad y el ánimo para ahondar en el asunto.

  1. ¡ESTRÉS! ¡ESTRÉS! PARA TODOS
  2. ¿Qué es el estrés, es bueno o malo?

En ocasiones para definir algo es recomendable comenzar determinando lo que no es. Se puede afirmar que el estrés no es una enfermedad, como algunos pudieran pensar, pues no es algo que pueda evitarse o quitarse con la suministración de algún fármaco. Quizá en ocasiones se ve de esta manera porque algunos de sus efectos pueden tratarse con alguna que otra medicina, además de que este puede aparecer como consecuencia de algún tipo de padecimiento o por la más simple visita al médico.

Si alguien estuviera haciendo cualquier cosa y sucediera algo inesperado, como le ocurrió a Moisés, lo más normal es que se estrese. Al tomar como base el hecho narrado en Éxodo 3, se extraen dos conclusiones que servirán para definir con claridad qué es realmente el estrés:

  • Moisés se estremeció física, emocional y espiritualmente ante un acontecimiento inesperado, pero que bien pudiera sucederle a cualquier persona y por demás reaccionó como cualquiera pudiera hacerlo; o sea, tuvo una respuesta normal ante un hecho impensado y vital.
  • Moisés sintió que los recursos con los que contaba (físicos, emocionales y espirituales) no eran suficientes para afrontar la tarea que tenía por delante.

Estas dos observaciones permiten definir el estrés como una respuesta normal (física, emocional y espiritual) a los ajustes que debe hacer una persona, de forma adecuada, ante diversos acontecimientos vitales por los que transita. Hay que tener en cuenta que dichos sucesos demandan, según la percepción de cada individuo, un actuar por encima de lo normal.   

Es necesario destacar que el estrés, si se maneja de manera adecuada, no es necesariamente dañino, sino que viene a ser como un indicador de que algo se está saliendo de control, a la vez que propicia y estimula el crecimiento, en conocimiento y carácter, de la persona y su familia.  Si la situación no es superada, el estrés se convierte en algo crónico en el tiempo y pasa a ser altamente nocivo y desbastador, reflejándose sus efectos en el cuerpo, la psiquis y la espiritualidad del individuo. De aquí que se puede hablar de un estrés no perjudicial o benéfico y un estrés nocivo, siendo este último el objeto de estudio de casi todos los trabajos realizados sobre el tema.

Una respuesta positiva ante el estrés hace que el individuo experimente un período de crisis, desequilibrio y vulnerabilidad, pero a su vez use los recursos disponibles. Cuando siente que comienzan a agotarse, busca ayuda para reordenar y ajustar la nueva escena con los cambios que se requieran y ello resulta en el crecimiento del sujeto y su familia. Al contrario, en la respuesta negativa el individuo no ve los propios recursos con que cuenta o si los ve no cree que son buenos, no los usa y se bloquea, se sumerge en una parálisis total de funcionamiento, no pide ayuda, no hace los cambios pertinentes para ajustarse a la nueva situación y como resultado la persona se irrita, desgasta y aísla, mientras que las demandas se acumulan hasta que “se quema”.   

  1. Posibles causas y fuentes

Así como diversa es la naturaleza del ser humano, también son diversas las causas que generan una condición estresante, pues depende de los recursos (físicos, emocionales y espirituales) que cada persona estime que tiene para enfrentar un hecho determinado. Entre las causas más comunes se pueden citar: autoestima inadecuada, tendencia al perfeccionismo o al autoritarismo, expectativas inadecuadas sobre otras personas, exceso de trabajo, incapacidad para lidiar con situaciones o emociones negativas, la falta de competencia o percepción de falta de competencia para realizar un proyecto determinado, tendencia a la ira y a la acción impulsiva, fijar metas inadecuadas, baja o ninguna tolerancia a ser confrontado, incapacidad para comunicarse con sus semejantes, inadecuada percepción de las pruebas, falta de previsión sobre acontecimientos normales o esperados, inestabilidad espiritual y emocional.

Por otro lado, las fuentes generadoras de estrés pueden ser internas (la salud, los diferentes siclos vitales por lo que atraviesa cada individuo, los duelos u otras crisis emocionales, los pensamientos no realistas) o externas (la interacción entre los diferentes subsistemas que componen el sistema “familia” y su relación con otros sistemas externos, que pueden ser otras familias, el trabajo, instituciones u organizaciones, etc.)

  1. ¡Estrés! ¡Estrés! Un ataque a tres

Cuando una persona se encuentra bajo estrés todo su ser se estremece, dado a que se produce un ataque en lo físico, emocional y espiritual. En cuanto a lo somático pueden aparecer dificultades respiratorias, fatiga, insomnio, dolores o contracciones musculares, disfunciones sexuales, hipertensión, hipoglicemias, cefaleas, trastornos estomacales, etc.

Referente a lo emocional, la persona puede presentarse irritada, con actitud hostil o hipercrítica, inmersa en un estado de ansiedad con sentimientos de fracaso o culpa que la lleven a un desorden de los hábitos alimentarios; aparecen temores infundados, dificultades para mantener la atención, pérdida de la memoria o la voluntad, entre otros.

El ser espiritual también se afecta. La persona comienza a sentir que se distancia de Dios o que el Señor le ha abandonado a su suerte, llegando a cuestionarse aspectos esenciales como la Gracia, la salvación o la misma adopción como hijo de Dios a través del sacrificio de Cristo en la cruz.    

  1. ESTRÉS NOCIVO EN LÍDERES CRISTIANOS
  2. Condicionantes sociocultural y económica

Aunque todas las personas experimentan estados de estrés que pueden llegar a ser nocivos, los directivos constituyen un grupo que está más expuesto, pues sobre ellos recae una mayor responsabilidad social. En Cuba es muy frecuente encontrar estereotipos, prejuicios y clichés ante los cuales sucumben los líderes consciente o inconscientemente, hasta ser arrastrados a un estado de estrés dañino. Entre los más conocidos se pueden nombrar los siguientes estereotipos, prejuicios y clichés:

  • “Los líderes que no están siempre en función de su trabajo no están bien enfocados o no sirven”; “los directivos que le dedican mucho tiempo a su familia solo tratan de escapar de sus responsabilidades”; “los líderes que visitan al médico o sacan tiempo para descansar es porque se están aflojando o no aguantan para dar pelea”; “los hombres que no pueden dar una respuesta sobre algún compromiso a contraer sin contar con su esposa, son unos débiles y gobernados”; “los líderes de la iglesias tienen que hacer de todo” (estereotipos).
  • “Si no digo que sí, pierdo la única oportunidad”; “si no le atiendo ahora o le doy una respuesta pensará que soy un incapaz o un insensible”; “si quieres que algo salga bien hazlo tú mismo”; “todo tiene que estar perfecto, porque si algo queda pendiente o sale mal, que pensará la gente de la iglesia”; “si armo un equipo de trabajo pensarán que no quiero trabajar o me faltan habilidades” (prejuicios).
  • “Tengo que ir o hacerlo por una cuestión estratégica”; “la familia se pone así porque no están conectados con Dios”; “este es el precio de ser líder, ahora aguántate y resiste”; “estate atento y siempre dispuesto, para que no te “serruchen el piso””; “si no lo hago yo, nadie más podría” (clichés).

Estos pensamientos hacen que las personas, incluyendo a los parientes, tiendan a ver a los líderes como superhombres o supermujeres, sin problemas de ningún tipo y siempre dispuestos a purgar cualquier asunto. Muchos líderes se sienten forzados a desarrollar los roles mencionados. Irremediablemente, el resultado es un líder estresado a punto de quemarse, junto a su familia.

Por otro lado, la situación económica actúa como catalizador; la falta de recursos de todo tipo y la precariedad de los salarios hace que la mayoría de las personas tengan que buscar formas alternativas de sustento, lo que implica que muchos líderes tengan que dedicarse a varias cosas a la vez para mantener a su familia. Tienen el apremio de las demandas de personas que, además del problema específico que plantean, llevan sobre sí una presión económica al igual que él y siente el deber de dar respuesta en y fuera de casa a asuntos para los que no tiene suficientes recursos, siendo el tiempo el más escaso.

  1. El empedrado camino hacia el estrés del líder cristiano

A medida que las demandas crecen, el líder cristiano comienza buscar alternativas para dar respuesta a todos. Muchos descuidan sus propias necesidades y las de su casa, cayendo en lo que muy acertadamente Carmen Renee Berry llama “la trampa del salvador”, en su libro “Cuando ayudarte significa hacerme daño”. Renee refiere que un “salvador” se distingue por las siguientes características: trata de lograr una sensación de mérito “obrando de forma” meritoria; deja que otros determinen sus acciones; necesita sobresalir; le atrae ayudar a quienes sufren un dolor similar; experimenta dificultad para establecer relaciones íntimas y de igual a igual; está atrapado en un ciclo de aislamiento; se ve impulsado a una actividad incesante. Realmente con tales características y pensamientos es imposible que el líder cristiano no termine estresado, al extremo de quemarse él y su familia.

Por otro lado, algunos van dejando atrás la posibilidad de pedir ayuda o formar un equipo de trabajo, el placer de servir se va convirtiendo poco a poco en una obligación que solo él puede hacer y que además no está dispuesto a compartir, comienza a caer en una tela de araña que lo envuelve y aleja de su familia, hasta pensar que es una “isla” distante e inalcanzable. Pero esto no sucede en un día o dos, sino que es todo un proceso en el que influye el pasado del líder, por lo que hay que tenerlo en cuenta durante el acompañamiento pastoral. Poco a poco, algunos líderes cristianos van descuidando la relación con Dios hasta que esta se deteriora totalmente y como resultado la relación horizontal con sus semejantes se va inclinando hasta llegar a la verticalidad.

Producto al activismo, el líder incorpora a su pensamiento la fantasía de que él puede ser Dios. En la Biblia hay un pasaje donde el nuevo hombre en Cristo es animado a poner la mira en las cosas de arriba, refiriendo que la vida del nuevo creyente está escondida con Cristo en Dios, es decir, debe de estar dentro de la fuente para poder canalizar el “agua viva” que no sale de él sino del Señor (Colosenses 3:1-4). ¿Qué hace entonces el líder cristiano camino a quemarse? Como una jeringuilla, va tomando agua de la fuente en numerosos desplazamientos de ida y vuelta, porque, erradamente, se siente limitado e incómodo dentro de la Fuente, hasta que llega el momento en que se cansa de ir y venir y piensa “para qué tantos viajes si ya sé que hacer y qué decir”. Este es el primer paso en falso, pensar que puede hacer la obra de Dios sin el Dios de la obra.

Ya que es como un dios, el líder se precipita en una carrera rumbo a la destrucción. Se vuelve extremadamente controlador, la iglesia es de él y tiene la obligación de sustentarla, todo tiene que hacerse bien o al menos parecer que esta impecable. Si hace falta trabajar con los jóvenes allí está él, si hay que dirigir un ayuno cuenten con él. También está al frente de la construcción o remodelación de su iglesia, de la economía, de los diáconos, solo él se siente autorizado a aconsejar y no se motiva a rendir cuentas ante nadie. En conclusión, este líder se sumerge por completo en el trabajo de la iglesia. En ocasiones, arrastra consigo a su esposa e hijos como si se tratara de un negocio familiar y los convierte en sus contratados, otras veces los ignora o se recuesta de ellos para poder cumplir con lo que él ha determinado es su deber.

En cualquiera de los casos, el guiador mantiene con su familia una relación distante y vertical. El fin es inevitable, termina desanimado, desgastado, irritado, frustrado… quemado. “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal. (Números 11:14,15)”. Estas palabras pronunciadas por Moisés muestran en gran manera el estado emocional, espiritual y físico de un líder estresado al extremo.

  1. Se quema la familia

Las llamas que arden sobre el líder cristiano estresado, que se ha convertido en un “salvador” o que pretende ser una imitación falsa de Dios, están también quemando a cada uno de los miembros de su familia. La esposa, si es que el líder es hombre, está fatigada de llevar ella sola la carga de la casa o de haber sido arrastrada hacia un activismo devastador; se siente usada por un esposo que solo llega de visita al hogar para satisfacer sus necesidades. Igualmente, si es una líder, el esposo muestra síntomas de desgaste, desatención y se siente usado, anulado e inexistente.

Por otro lado, los hijos se sienten no deseados o amados, al no ser atendidas sus necesidades vitales de amor, instrucción, atención y cuidado. Un día saldrán de casa para repetir los mismos patrones aprendidos. Tristes son los testimonios de cónyuges que han tenido que pedir una cita en la iglesia, para así poder pasar un tiempo de calidad con su pareja matrimonial. También hijos que han recurrido a hacer lo mismo para poder hablar con sus padres. Lamentable es escuchar a adolescentes y jóvenes decir que no quieren saber de Dios ni de la Iglesia porque estos les robaron a sus padres. ¿Qué hacer? ¿Cómo evitar caer en estas trampas?

  1. DIOS HABLA AL LÍDER Y A LA FAMILIA
  2. Recursos espirituales al alcance

La Biblia, en 2 Crónicas 20, narra los hechos ocurridos en un enfrentamiento entre un ejército bien equipado y numeroso y el pueblo de Dios. En esa ocasión los hijos de Moab y de Amón junto con otros amonitas se dispusieron a combatir al rey Josafat con el objetivo de tomar la ciudad de Jerusalén. Cuando el rey se enteró tuvo miedo, se sintió estresado porque estaba en medio de un acontecimiento inesperado y el ejército que venía en contra de ellos les superaba. De esta narración se pueden obtener varias enseñanzas que dejan al descubierto los valiosos recursos con que cuentan los líderes cristianos para enfrentar situaciones estresantes.

Lo primero que hizo Josafat no fue tomar las armas, ni trazar estrategias de guerra creyéndose un dios o un “salvador” de Israel. ¡No! Él clamó y se humilló delante de Dios y no lo hizo él solo, sino que convocó a todo el pueblo a ayuno y oración.

Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar ayuno a todo Judá. Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová: y también de todas las ciudades de Judá vinieron a pedir ayuda a Jehová. (…) Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres, y sus hijos. 2do Crónicas 20: 3-4,13.

Destaca que en su súplica al Señor el rey reconoce su debilidad, no tiene recursos para enfrentar el problema, pero continuamente hace alusión a las maravillas que había hecho Dios por su pueblo en tiempos pasados, hechos extraordinarios que están escritos en la Palabra de Dios y que le dieron fuerzas y esperanzas. En medio de aquel ambiente de adoración se levantó Jahaziel, levita de los hijos de Asaf y sobre él reposó el Espíritu Santo haciéndole proferir las siguientes palabras:

“… Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios. Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel. No habrá para qué peleéis vosotros en este caso: paraos, estad quedos, y ved la salvación de Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos, que Jehová estará con vosotros.” 2do Crónicas 20:15-17.

Resulta extraordinario el poder de la alabanza a Dios mostrado en los acontecimientos. El texto refiere que el poder del Señor se hizo presente luego de que el pueblo comenzara a entonar cantos de alabanzas: “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab, y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros.” (v-22).  Lo que sucedió después, cómo Dios peleó la batalla y cómo Josafat y el pueblo le reconocieron y lo adoraron, todo está allí en la Biblia.

Aquí están los recursos espirituales que necesita el líder cristiano: la Biblia, el Espíritu Santo, el ayuno, la oración y la alabanza. Todos les han sido entregados y son indispensables para toda la vida y más cuando perciba que la tarea es más grande que él, cosa que pasa muy a menudo.

  1. Algunas observaciones y consejos bíblicos.

Acercarse a la Biblia, meditar en ella, comerla como el más deleitoso de los platos, hace muy bien a todos y esto no excluye al líder, este es el primer consejo para evitar el estrés nocivo:

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:1-3

Las escrituras también invitan al líder a meditar en quién es y cuál es su condición. Solo es arcilla en manos del alfarero (Jeremía 18:1-6; Isaías 64:8) y el alfarero es Dios, quien le ha hecho, según Su sabiduría, una vasija de barro destinada a contener Su gloria, para que no se exalte, para que la excelencia del poder sea del Creador y no de él (2 Corintios 4:7). Por tanto, si se aparta de Dios resultará inservible (Juan 15:1-5) y más si pretende ser Dios. Solo logrará ser una copia barata e inefectiva que alguien dejará caer o tirará hasta romper, mas, si él se rinde destrozado como quede ante Dios, el Creador, como buen alfarero que es, le acogerá y le volverá a dar forma. Otro consejo de suma importancia se encuentra en Mateo 6:25-34, donde el Señor reta a no afanarse por las cosas materiales y por lo que traerá el día de mañana, sino que baste a cada día su propio afán.

De los hechos narrados en 2 Crónicas 20, también se extraen enseñanzas prácticas muy válidas. Al igual que Josafat, el líder debe reconocer delante de Dios sus debilidades y gozarse en ellas, porque es allí donde el poder de Dios se perfecciona (2 Corintios 12:7-10). El Señor muestra a través del pasaje la necesidad de pedir ayuda, de no pelear solo, sino en equipo o en familia: Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres, y sus hijos. (2 Crónicas 20:13). Al menos cuatro rodillas siempre serán mejor que dos. Es vital también que el líder, luego de haber hecho los ajustes necesarios para superar el reto y haya crecido y madurado un poco más, reconozca que todo es gracias a Dios y lo haga saber así a su familia dando gracias y gloria a Él, tal y como lo hizo Josafat junto al pueblo: Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos. Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas, y trompetas, a la casa de Jehová.” (2 Crónicas 20: 27-28).

  1. Otras pautas de cuidado y prevención

Conjuntamente con echar mano a todos los recursos espirituales, el líder cristiano debe tener un ritmo de vida saludable. He aquí algunas pautas que puede poner en práctica para evitar el estrés nocivo:

  • Tomar tiempo para descansar, realizando pausas por tiempo.
  • Aprender a decir “no” y hacerlo por amor, con amor y en amor.
  • Tener una autoestima adecuada.
  • Aprender a canalizar adecuadamente los estados emocionales negativos.
  • Definir entre lo urgente y lo importante.
  • Trazar metas alcanzables o realistas.
  • Aprender a trabajar en equipo y a delegar.  
  • Identificar las posibles fuentes de estrés.
  • Planificar actividades recreativas en familia.
  • Someterse a exámenes médicos periódicos.
  • Comer lo más sano posible.
  • Tratar de superarse intelectualmente.
  • Ser lo más creativo posible en el trabajo.
  • Buscar soluciones alternativas a problemas comunes.
  • Tener un compañero de oración con quien pueda abrir su corazón y rendir cuentas.
  • Poner límites sanos en su desempeño.
  • Buscar y fomentar redes de apoyo (de trabajo y afectivas).

  1. Acompañamiento pastoral

Las Escrituras presentan a líderes, hombres de Dios, que por diversas razones se vieron sumergidos en estrés nocivo, uno de ellos fue Elías (1 Reyes 19). Sí, aquel mismo profeta de Dios, que retó a todos los profetas de Baal y cuando oró a Dios descendió fuego del cielo, poco tiempo después se encontraba huyendo, deseando morir porque Jezabel procuraba matarle. Este hecho estimula a pensar que cualquiera puede caer, a cualquiera, como le sucedió a Elías, bajo una situación estresante se le pueden olvidar los recursos espirituales que hasta unos momentos estaba usando. No en balde la Biblia indica que aquel que crea estar firme tenga cuidado y no caiga (1 Corintios 10:11,12). Seguro que, si alguien se sintiera como el profeta, quisiera que otro hiciera algo por él. Esta es la regla de oro que se encuentra en la Biblia: como alguien quiera que hagan con él, así debe hacer a los demás (Mateo 7:11). Acompañar a los Elías de hoy para que se presenten ante Dios para ser restaurados, sin duda es todo un reto, pues en la mayoría de los casos, solo llegan a admitir que se estaban quemando cuando el humo es visible por todo el cuerpo. Mas la Biblia enseña que todo es posible en Cristo, así que mientras haya vida, hay esperanza, siempre queda dignidad salvable en cada persona, no importa cuán maltratado, enojado o destruido sienta estar, en Cristo hay esperanza. A continuación, se presentan algunas pautas para el acompañamiento a líderes cristianos a punto de quemarse:

  • Cuidar de, como consejero, no caer en la trampa del salvador o creer ser un dios.
  • Ayudarle a reconectarse con Dios, mediante el uso de los recursos espirituales.
  • Ayudar a identificar los factores estresantes.
  • Ayudar a identificar los aspectos de la personalidad que puedan estar influyendo.
  • Compartir la lectura de alguna literatura que ayude a esclarecer lo que está ocurriendo.
  • Ayudarle a canalizar adecuadamente los posibles estados de ira o frustración.
  • Trabajar con la familia identificando relaciones dañadas (contar con un equipo de trabajo sería de gran ayuda).
  • Ayudarle a encontrar acciones concretas para ir mitigando el estrés.
  • Trabajar en restaurar la autoestima.
  • Ayudarle a hacer los ajustes necesarios para minimizar las posibilidades de volver a caer.
  • Ayudarle a reconectarse con la familia. (Pedir perdón y perdonar)
  • Ayudarle a conectarse con grupos de apoyo, si estos existieran.  

CONCLUSIONES

La mayoría de los factores que propician hoy que los líderes cristianos se estresen hasta llegar a niveles más o menos nocivos, están ligados a los estándares que les imponen las congregaciones, muchas veces “por las nubes” y a las percepciones erróneas que el propio líder tiene de él mismo y sus prioridades.

Conforme pasan los años el problema del estrés parece expandirse, el activismo cobra cada vez más terreno dentro de las iglesias, dejando a su paso una estela de líderes cargados, afanados, estresados, sin tiempo para dedicarse a ellos mismos o para conversar con Dios, y menos para estar en casa. Lo más alarmante del caso es que la mayoría ni siquiera repara en su situación, ni en cómo se van alejando poco a poco de Dios y de su hogar. Bajo la frase “estamos haciendo la obra de Dios” en muchas ocasiones se esconde una autoestima dañada y el deseo de reconocimiento.

Es hora de que los dirigentes cristianos digan basta y armados de todos los recursos espirituales decidan descansar en Dios, para llevar al mundo un evangelio de poder que cambia y transforma. Es tiempo de que los líderes modelen un estilo de vida sano que impacte y muestre cuán interesado está el Señor en la familia y en la vida espiritual, emocional y física de las personas que la componen. Es el momento de que las congregaciones alerten y cuiden a los líderes para que no terminen quemados por el estrés. Dios ayude a su Iglesia a tomar conciencia sobre este asunto tan delicado y nocivo.

 BIBLIOGRAFÍA

  • Carmen Renee Berry, “Cuando ayudarte significa hacerme daño”.
  • Módulo III de Consejería Cristiana “La vida emocional de la persona”.
  • Versión Reina-Valera, revisión de 1960.

 

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