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¡Dios mío! ¿Me has desamparado?

¡Dios mío! ¿Me has desamparado?

MSc. Maireyes Batlle Quintosa Consejera Cristiana.
Ministerio Apoyo Cuba

Salmos 22:1
Muchas veces en nuestras vidas, cuando nos suceden cosas terribles, dolores, aflicciones, pruebas, luchas, persecución, enfermedades, clamamos a nuestro Señor Jesucristo, que nos ayude en el momento crítico. En ocasiones la aflicción es tan grande que se nos cierran nuestros pensamientos y no podemos tener el control, dominio propio y la paciencia que debe tener el cristiano, nos atormentamos, lloramos, nos quejamos, se nos cierran los ojos espirituales y no sabemos qué hacer. Seguimos clamando y orando, pero muchas veces pensamos que las oraciones no son escuchadas por el Señor, y reclamamos a Dios: ¿Por qué a mí Señor? ¿Por qué me haces pasar estas cosas? ¿Ya no me amas? ¿Ya no oyes mi clamor?…y tantas palabras que salen de la boca… Le pregunto ¿Y todo lo que te fue enseñado en su PALABRA?, ¿ya has olvidado cómo soportar las aflicciones? Debes saber amado, que cuando sufres y tienes alguna dificultad grande en tu vida, y piensas que Dios no te escucha, Es Porque él está trabajando en silencio Es el momento de recordar que: Alabamos a Dios cuando obtenemos beneficios, pero ¿decimos Dios es bueno cuando las circunstancias son diferentes? Dios es bueno en días de salud y en días de pandemia. En medio de un mundo tan cambiante, ajetreado, apresurado, donde las habituales contingencias demandan una mayor movilidad y gestión de nuestra parte, el virus COVID-19 nos exige Detenernos en el camino, pasar a un segundo, tercer, …quinto plano nuestros proyectos, planes, metas…
y Cuidarnos responsablemente. ¿Tendremos la voluntad suficiente? ¿Será que entendemos lo que significa y proporciona eso?En una sociedad que se basa en la productividad y el consumo, en el que todos corremos las 24 horas del día sin pausa ni descanso, de repente se nos impone un stop forzado, que nos lleva a valorar el tiempo sin vincularlo directamente a una retribución económica o material y reordena nuestras prioridades. Nos devuelve la compasión y misericordia por los que sufren, la sensibilidad por el necesitado, nos recuerda que somos mortales… En una época en que la crianza de los hijos se la delegamos a maestros, niñeras, instituciones, etc., el Coronavirus nos obliga a cerrar escuelas, iglesias, y poner a papá y mamá frente a los hijos, nos obliga a volver a ser Familia.

En un mundo donde las relaciones interpersonales, la comunicación, la socialización se realiza a través de redes sociales con la falsa ilusión de la cercanía, de pronto este virus nos quita la verdadera cercanía, la real: que nadie se toque, que nadie se bese, que nadie se abrace, …todo debe hacerse a distancia, la ausencia de contacto físico, la frialdad.
Para algunos será fácil, pero para quienes venimos de un aprendizaje afectivo de besos y abrazos, o para otros que tenemos un tanque emocional muy grande que llenar porque no tuvimos muchos besos y abrazos, esto nos hace valorar el contacto físico que muchas veces lo hemos tenido por común o superficial.
En estos tiempos en que crecen las denominaciones eclesiales y con ellas, en muchos casos, las divisiones entre sus miembros, llega una pandemia para que la iglesia alce la voz y comience a ser conocida por su propuesta de las buenas nuevas de salvación.
¿Por qué está pasando esto?
No sabemos, sólo podemos recordar que:
En la historia de José, Dios mezcla algunos ingredientes (no tan agradables) para obtener algo bueno.
Las crisis pueden alejar a las personas de Dios, pero en otros casos puede ocurrir lo contrario. El mañana es incierto y Hoy es el día de la salvación.
La pandemia no define a Dios, sino a nosotros, nos pone a prueba a nosotros, no a Dios.
¿Será que nuestra mente alcanzará a comprender lo que quiere Dios? Tal vez algunos de nosotros no entendemos lo que está pasando o por qué está pasando o porque Dios permite esto o aquello.
La respuesta sigue siendo la misma: “…lo entenderás después…”Hay cosas que entendemos con nuestra mente racional. Hay otras que las creemos usando nuestra fe.

¡¡Dios dice que lo que no entendemos ahora lo entenderemos después, saber esto nos estimula a desarrollar nuestra confianza, nuestra fe y nuestra esperanza de que estamos en buenas manos!!
¡Dios les bendiga Hoy y Siempre!!

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