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Dios debe ser lo primero.

Dios debe ser lo primero.

Pastor Ezequiel Blanco Hechavarría.
Master en Cuidado Psstoral de la Familia
Coordinador del área de Padres del ministerio de familia de Apoyo-Cuba


Cuando Dios no es lo primero en la vida de una persona, entonces esta puede llegar a verlo como “algo” a lo que, de manera intermitente, recurrir cuando las cosas se ponen difíciles; al suceder esto es muy fácil que comiencen a aparecer ídolos, unos más visibles que otros. Teniendo en cuenta que un ídolo es todo lo que ocupe el lugar de Dios en la vida del hombre, y que lo estimula gradualmente a dejar de tener intimidad con Él; se puede decir que un ídolo puede ser una imagen de yeso, pero también pueden ser los hijos, el cónyuge, la televisión, el trabajo y hasta el ministerio eclesial. En este sentido, uno de los nombres con que Dios se revela al hombre es “CELOSO” (Éxodo 34:14). Ahora este celo no es el que dice “Tú tienes algo que deseo o eres alguien que quiero ser o quiero que me pertenezcas y te odio por esto”, sino el dolor e indignación que siente Dios cuando el pecado asedia al hombre hasta alejarlo de su presencia y destruirlo (este es el oficio de Satanás). Sin dudas el celo de Dios es una de las manifestaciones de su infinito amor; bien le sería al hombre imitarle y arder en celo cuando el pecado ronda, amenaza con destruir el matrimonio y la familia.
Ahora, ¿por qué el ser humano se resiste a poner a Dios como lo primero?; quizás el problema radique en que la humanidad tiene hambre de trascender, todos desean, consciente o inconscientemente, la gloria y estar al “timón”. De aquí que la mayoría de las cosas que se ofrecen en el mundo vayan acompañadas de visuales que le dicen al hombre “con esto puedes cambiar todo, incluso a ti mismo, si lo tienes, si lo usas, si te lo haces, estarás a la moda, en la cima, serás muy importante”. Ese anhelo vuelve a la persona orgullosa, egocéntrica, mientras el vacío, que solo el Señor puede llenar, crece en su interior, porque “Dios nos ha hecho para Él, y nuestros corazones estarán inquietos hasta que encontremos descanso en Él” (Agustín de Hipona). (Salmos 42:1,2.)
Por tanto, el ser humano no es lo más importante, y menos lo es el trabajo o los bienes, pues estos son provisión del Todopoderoso (Mateo 6:31,32); tampoco lo es el ministerio o cualquier labor eclesial, dado a que estas son obras que el Creador preparó para que el hombre las hiciera (Efesios 2:10); ni la familia debe ser lo principal, porque es creación de Dios, al igual que sus miembros (Génesis 1:26-28). Basta con poner algunas de estas cosas como lo fundamental y todo se vuelve de cabezas. Solo si Dios, el CELOSO, es lo primero en la vida del hombre, si pone en Sus manos la vida y la familia, entonces todo vuelve a su lugar y aun cuando lleguen las pruebas, a pesar de la tormenta, habrá paz, esperanza… amor.

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